Archives Posts
CUANDO LAS COSAS NO TIENEN SENTIDO
CUANDO LAS COSAS NO TIENEN SENTIDO
Hace tiempo, que vengo recordando en noches de mar calmada. Tu nombre aparecía en las estrellas que unía con los dedos mientras sonreía de una sobre-manera vergonzosa. Lo primero que venía a mi, era tu sonrisa cuando la veía de acercarse buscándome, eso sí con ganas de besar.
Ains por dios… ¿Dónde me andarás ahora?
La arena de grano gordo de la playa, donde me tienes en meses de verano tumbado bocaarriba uniendo estrellas, sigue siendo igual de cómoda que cuando íbamos a hacernos unas fotos, con el pretexto de algún día enseñarlas a nuestros nietos. Qué lastima que ya no sea así. De hecho justo ahora estoy aquí, donde siempre nos veníamos. Recuerdo esos momentos de silencio que daban espacio para mirarnos en mitad de la noche y apretarnos la mano, en vez de decir cosas que podría llevarse el viento.
Ahora me conformo con dedicar once horas al día a mi pasión, mi trabajo, mis cosas y las otras once a esperarte haciendo actividades fuera de casa pendiente del móvil, pendiente de mil cosas que dén de una manera u otra… señales de ti.
Señales como las que no parabamos de coleccionar, como síntoma inequívoco de que lo nuestro era algo profundo y muy muy viable aunque justo ahora, eso no quieras ni planteartelo.
Sé que en el pasado no te lo hicieron pasar bien, sé que fueron duros, que te señalaron y encima te arruinaron la manera de amar que poco a poco, en todo ese tiempo que estuvimos, intenté volver a despertar. Pero aún así me dejaste abandonado por algo que te prometieron al otro lado de una pantalla e internet.
Me encantaría verte cada mañana despertándote a mi vera, verte sentarte al borde de la cama y que mis manos rodeen tu cintura esperando un beso, justo antes de que te vayas. Cuando eso pasaba, te invitaba a tumbarte un ratito más, pero siempre me lo niegabas mirando un reloj que cada día parecía que estaba más adelantado. Se me nublan los parpados de lagrimas cuando abro el armario y veo que aún siguen ahí algunas prendas que te regalé. Tu colonia aún perdura en esa zona del armario y vestirme cada día se me hace algo intennso.
No sé porqué, no sé por cuanto y no sé por qué a mí, pero dejando de lado tu lado más borde, cuando te ponías delicada, creo que todo era perfecto. Me muero de ganas de volver a verte.
Me haces sentir, como cuando las cosas no tienen sentido, hundido por las cosas que me han venido de golpe y sin saber como capotearlas. Me encantaría que volvieramos a dedicarnos otra oportunidad, pero parece que las cosas que te ofrecen en otros rincones del mundo mundial, tienen más exito que todo lo que vivímos. Una lástima, aunque no pierdo la esperanza de volver a encontrarte, en mitad del camino y pidiendo amparo por cosas que aún no sé.
Un beso, andes donde andes, esperando poder encargar no dentro de mucho contigo, algo que te prometí.
Por cierto si lees esto, espero que te guste.
J. G Delicado
Cuando las cosas engañan